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| Rubem Fonseca |
Quería escribir hoy algo sobre el inicio este miércoles de
la Feria del Libro de Bogotá que ya completa felices 25 años. El verdadero y
único evento cultural del año en una Bogotá que lo que nos quita en robos,
huecos y demás no lo da en eventos culturales (No Raimundito, un evento
cultural no es un desfile en Cartagena de tetas y culos que patrocinados por
traquetos, y para pesar de muy pocos, después pasan a presentar las noticias o
a protagonizar la novela de las 8).
Y digo quería porque antes de escribir sobre un evento al
que me puedo ufanar de asistir y gozarme desde que tengo memoria (gracias mamá
y papá por hacerme un lector obstinado), quiero dar cuenta de una omisión
olímpica que cometieron la mayoría de periódicos y revistas que han escrito
especiales sobre el inicio de la Feria y sobre su país invitado, Brasil.
Ese “pequeñito” olvido se llama Rubem Fonseca, escritor,
guionista y ensayista brasilero de acuerdo a la siempre equivocada Wikipedia.
Fonseca no es otra cosa que un verdadero genio de las letras para un no
reducido grupo del que me precio de hacer parte. Reiterado y sólido candidato al Premio Nobel, traducido a
las principales lenguas, lector de Flaubert, de Joyce, de Genet, de Kafka, empecinado
en una enfermiza actitud asocial, Rubem Fonseca dirige, junto a Machado de
Assis, Guimarães Rosa, Jorge Amado y Clarice Lispector (estos dos últimos si
bien referenciados en varios artículos) el cuartel general de la ficción
brasileña contemporánea.
Con
una prosa plagada de escritores neuróticos como Gustavo Flavio (para muchos su
alter ego), asesinos a sueldo como el inquietante Cobrador, detectives
lujuriosos y eruditos como el cínico y asombroso Mandrake, despampanantes
mujeres de labios carnosos que parecen salidas de la letra de un bossa nova,
pedófilos, inadaptados y donjuanes, funcionarios corruptos, y más escritores,
escritores sin vocación, varados en la página en blanco, tercos y sabiondos,
fantasiosos urdidores de realidades alternativas, esquizofrénicos, pornógrafos
y escatológicos, escritores compulsivos o repelentes snobs.
Fonseca forja su obra en el terreno del cuento con relatos grotescos,
expresionistas y sádicos, reflejo de obsesiones y miserias morales. Su universo
literario asentado en la marginalidad urbana, el sexo, la violencia y un
discurso crítico que condena la convulsión de nuestras sociedades masificadas y
perturbadoras, que generan placebos como la televisión o las drogas cuando en
realidad atrofian y pervierten al individuo, perdido en una frustrante vida
cotidiana, abocado a la violencia del crimen y convertido en efecto en un
psicópata.
Continúa en Y donde está Fonseca parte 2.0….

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